El eterno dilema: ¿limpiar las monedas o no?

Todo numismático se ha enfrentado al menos una vez a la siguiente pregunta: ¿debe limpiarse una moneda y eliminar los años de suciedad y óxido acumulados, o no? Este artículo no ofrece una respuesta sencilla, ya que en el mundo numismático existe una profunda división de opiniones. Por un lado, existe el temor a que la moneda pierda su valor, mientras que, por otro, la limpieza puede contribuir a mejorar su aspecto y a que se aprecien mejor los detalles. Analizaremos los argumentos de todas las partes y presentaremos los métodos más habituales que se utilizan en este delicado proceso.

Razones para limpiar

La limpieza de monedas puede resultar útil en determinadas situaciones. Por ejemplo, eliminar la suciedad superficial o el óxido puede ayudar a identificar monedas que, de otro modo, resultarían ilegibles. Además, una limpieza cuidadosa puede mejorar el aspecto estético de monedas que, aunque no tengan un valor numismático especial, sí tienen un valor sentimental para el coleccionista. Aunque (en sentido estricto) puedan perder valor de mercado, tendrán un aspecto „más bonito“. No obstante, es muy importante actuar con precaución y utilizar métodos de limpieza menos agresivos para evitar causar daños permanentes.

De hecho, en su día era habitual limpiar las monedas, tal y como recomendaban los propios expertos en numismática. Se utilizaban diversos métodos de limpieza, desde gomas de borrar hasta cepillos de alambre e incluso cianuro potásico, todo ello con el objetivo de que la moneda recuperara su brillo. Sin embargo, con la introducción de la certificación de grado, que surgió a mediados de la década de 1980, la práctica de limpiar monedas comenzó a decaer. Desde entonces, la mayoría de los expertos se han pronunciado en contra de la limpieza de monedas, ya que puede afectar negativamente a su grado de conservación y a su valor de mercado. Si es absolutamente imprescindible limpiar una moneda que pueda tener valor (por ejemplo, si está completamente cubierta de óxido), se recomienda recurrir a una limpieza profesional. Esto es especialmente cierto en el caso de las monedas antiguas, que casi siempre se limpian.

Argumentos en contra de la limpieza

La mayoría de los numismáticos actuales coinciden en que limpiar las monedas puede hacer más daño que bien. La limpieza puede eliminar la pátina original que confiere a la moneda su aspecto „natural“ y, a menudo, reduce su valor de mercado. Incluso los métodos que parecen inofensivos pueden provocar arañazos microscópicos en la superficie, conocidos como „rayas finísimas“, que pueden afectar significativamente al grado de conservación y al valor de la moneda. Por lo tanto, los coleccionistas y numismáticos experimentados suelen aconsejar dejar las monedas en su estado original. Sin duda, conviene tener en cuenta que el estado de una moneda se juzga principalmente por el estado del diseño, es decir, por su desgaste, y no por su „brillo“. Una moneda con un relieve perfectamente conservado se considera un ejemplar en perfecto estado de conservación, independientemente de que, por ejemplo, no „brille“. Este suele ser el caso de los ejemplares de bronce.

Métodos habituales para limpiar monedas

Existen varios métodos de limpieza, algunos tradicionales y otros más modernos. Uno de los más suaves consiste en utilizar una solución jabonosa suave y un cepillo de cerdas blandas, pero incluso eso puede suponer un riesgo. Otros métodos incluyen el uso de bicarbonato sódico, aceite de oliva o incluso la limpieza electrolítica para determinados tipos de monedas. Sin embargo, cada uno de estos métodos puede tener sus inconvenientes, y es importante estar bien informado antes de intentar cualquier limpieza.

Uso de materiales abrasivos

El uso de bicarbonato sódico, productos de limpieza granulados e incluso gomas de borrar daña las monedas al limpiarlas. Cepillar una moneda con un cepillo de dientes o un cepillo suave puede provocar pequeños arañazos en la superficie de la moneda. Estos arañazos, conocidos como „rayas finas“, pueden afectar al grado de conservación de la moneda.

Pulido

Una limpieza agresiva que confiere a las monedas un brillo muy intenso, pero „artificial“. Las monedas que „brillan como espejos“ suelen considerarse estropeadas. Por lo demás, no es posible conseguir un acabado «proof» (campo pulido) en una moneda normal mediante el pulido.

Limpieza con un paño

A veces, las monedas se pueden limpiar frotándolas suavemente con un paño, pero hay que tener en cuenta que esto puede provocar la aparición de pequeños arañazos. Esto no se notará en las monedas que estén muy oxidadas, pero si aún conservan su brillo, será evidente.

Inmersión en ácido

La moneda se sumerge en una solución ácida diluida que elimina la oxidación de la moneda junto con una pequeña cantidad de metal. Se trata de un método que se utiliza a menudo con monedas de metales preciosos y algunos metales comunes. Si este método se aplica con destreza, a veces puede resultar difícil darse cuenta de que la moneda ha sido limpiada. No se recomienda en absoluto para monedas de bronce (cobre), ya que da lugar a una „moneda roja“ con un aspecto muy poco atractivo.

Lavarse con agua y jabón

Esta es la forma más segura de limpiarlas, ya que elimina la suciedad y los restos de grasa de las monedas. Para limpiarlas, se recomienda utilizar agua destilada, ya que el agua del grifo contiene cloro.

Limpieza con aceite de oliva

La moneda se sumerge en aceite de oliva, lo que, según algunos, da mejores resultados con monedas normales de cobre o bronce.

Limpieza con cianuro potásico

Esta solución se utilizaba habitualmente como producto para limpiar monedas durante la primera mitad del siglo XX y, en ocasiones, provocaba muertes por intoxicación.

Limpieza con limpiadores ultrasónicos

Las monedas se limpian con agua destilada y una pequeña cantidad de detergente en una cuba vibratoria especializada. En este proceso deben evitarse las soluciones ácidas, ya que pueden corroer la superficie de las monedas.

Limpieza con vinagre y sal

Según algunas opiniones, lavar las monedas con vinagre blanco natural y sal yodada en agua destilada es una forma inofensiva de limpiarlas.

Limpieza con un cepillo giratorio

Las monedas se „limpian“ con un cepillo de alambre giratorio de alta velocidad. Esto es totalmente desaconsejable, ya que daña gravemente la superficie de las monedas.

Piensa bien en tu decisión antes de limpiar.

Antes de decidir limpiar monedas, es importante informarse a fondo y sopesar todas las posibles consecuencias. Si decides limpiarlas, es recomendable probar primero el método con una moneda de menor valor. Ten siempre en cuenta que todas las monedas tienen algún valor, y que la limpieza puede reducir inadvertidamente parte de ese valor. Además, recuerda que el brillo no implica necesariamente un mayor valor. En numismática, se valora mucho el „brillo original de acuñación“, y si este no existe, no se puede recrear artificialmente.

Del mismo modo, ten en cuenta que algún día tu colección podría venderse. Si no lo haces tú mismo, quizá lo hagan tus herederos. Si la colección contiene especímenes limpios o que se han limpiado de forma inadecuada, esto podría afectar a su valor de mercado.

Editado por: Zlatko Viščević

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