La numismática hoy en día: no todo gira en torno a las monedas…

En el mundo actual, „inversión“ es la „palabra mágica“. Todo el mundo invierte en algo y, en su mayoría, se felicita a sí mismo por ser sensato e inteligente por hacerlo. Acciones, bonos, criptomonedas, inmuebles, incluso cartas de Pokémon… todo se ha convertido en un vehículo de inversión, por lo que no es de extrañar que la numismática se considere cada vez más como una inversión. Al fin y al cabo, ¿por qué iba alguien a coleccionar monedas solo por el placer de hacerlo? ¿Acaso el objetivo de todo no es obtener beneficios? ¿O tal vez no?

Para algunas personas, la numismática es un puro placer. Coleccionan lo que les gusta, a veces sin ningún plan ni criterio, y lo más importante para ellas es que les hace sentir bien. Estas personas se emocionan cuando tienen en la mano un pedazo de historia, un bonito diseño artístico y la interesante historia que cada pieza encierra. Y no se preguntan cada cinco minutos cuál es su „valor de mercado“, ni si obtienen beneficios o pérdidas al adquirir una pieza concreta. Por desgracia, este tipo de personas se están convirtiendo en una minoría hoy en día.

Por otro lado, tenemos un (nuevo) tipo de coleccionista: los coleccionistas de calculadoras. No les interesa la historia, la estética ni la trayectoria, sino únicamente cuánto han pagado por algo, cuánto vale, si han obtenido beneficios y cuánto valdrá mañana, dentro de un año o dentro de diez años. Estos coleccionistas están constantemente haciendo cálculos, siguiendo los precios, comparando los valores de catálogo, fijándose en los resultados de las subastas como si estuvieran observando la bolsa y tirándose de los pelos cuando las cosas salen „mal“. Uno no puede evitar preguntarse: ¿para qué demonios lo necesitan?

Y eso nos lleva al momento „mágico“ de la decepción para esas personas. De hecho, el mercado numismático, lo creas o no, ¡no es perfectamente predecible! Los precios fluctúan, los intereses de los coleccionistas cambian y lo que hoy es „raro“ y codiciado se convierte, al día siguiente, en un artículo aburrido y sin valor del mercado masivo que todo el mundo ya tiene. La gente compra algo, convencida de que dentro de diez años sus hijos podrán comprarse un piso con ello, solo para descubrir que, al final, ni siquiera vale lo que cuesta un plato de ćevapi (sin bebida).

Por eso podemos preguntarnos con razón: ¿no será quizá más saludable (y más seguro para nuestro corazón y nuestros nervios) considerar la numismática simplemente como un pasatiempo? Como algo que nos aporta alegría, en lugar de algo que nos hará ricos. Porque cuando inviertes dinero en algo que te apasiona y que te hace feliz, ya has obtenido un valor en forma de las emociones positivas que ello conlleva. Y si algún día surge un beneficio económico, ¡genial! Si no es así, al menos habrás disfrutado de una nueva pieza para tu colección. Y eso es algo bueno, saludable para tu psique y para tu corazón. Se libera la hormona de la felicidad.

Sin embargo, las tendencias actuales apuntan en una dirección diferente. Cada vez hay más „coleccionistas“ cuya única pregunta es: „¿Cuánto vale?“ o „¿Cuánto podría valer mañana?“. ¿Y la numismática como experiencia emocional? No, gracias. Preferimos las matemáticas, las tablas, los gráficos y los cálculos de la rentabilidad de la inversión.

No podemos sino preguntarnos qué nos espera si seguimos así. Bueno, puede que pronto tengamos fondos de inversión numismáticos y aplicaciones que nos avisen de las fluctuaciones de precios en tiempo real, igual que en la bolsa (de hecho, ya hay algo así para el dólar estadounidense). Quizá los coleccionistas desaparezcan y solo queden inversores oportunistas.

En conclusión, por tu salud mental, lo mejor es coleccionar aquello que te gusta y lo que te hace feliz. Disfruta de las monedas y los billetes por lo que son, no por lo que puedan llegar a valer algún día. Y si algún día te reportan algún beneficio económico, eso será solo una ventaja adicional, pero no debería ser el objetivo principal.

Autor: Zlatko Viščević

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